
En 1994 no tenia tantas canas, sus dientes eran tan blancos que con la sonrisa iluminaba todo el vagón, El gabán negro impecable y unos libros debajo del brazo. Tenia anos viendole pasar de vagón en vagón como si habría perdido algo en esos rostros deshumanos, aveces lo advertía dormido en el espacio y cansado de tanta búsqueda, búsqueda de soledad, de rabia, de caras malolientes y tristeza maquillada. Se peinaba a lo Joe Louis, el rostro parecido a Frederick Douglas y las manos de un artista; se colaba en el sistema de trenes a buscar su desamparo en las almas, en el espejo de la puerta del tren como si habría perdido la razón igual que el personaje de Kurosawa.Aquella madrugada encontró lo que buscaba, al menos fui testigo, quien sabe si otras noches, otras madrugadas de trenes vacíos también se ha encontrado con esos ojos. Saco sus lapices y un pedazo de papel mantequilla y comenzó a trazarle el aura a esta mujer y ella sin darse cuenta se quedo en la próxima estación dejandolo aturdido. Buscando desesperado otros ojos siguió su camino. me lo encontraba todas las semanas, aveces el y yo solo en el vagón, pero no hablábamos, ni siquiera me miraba, parece que yo todavía estaba perdido y no conectaba con su lápiz, con su risa, todavía advertía mis miedos,mis complejos hasta que dejo de verme. La compra de mi primer automóvil me impedía volver al tren a sobarme los sobacos con otros "straphangers" a enamorarme de desconocidas que se quedan en la 145, pero todo cambio, después de 8 anos andando la ciudad de extremo a extremo y de una cantidad infinita de automóviles la vida me cambio. se me cayo el pelo, me salieron canas y par de arrugas entonces volví al tren. No me acordaba de el, su caminar era lento, pero se veía mas contento, ahora las madrugadas del tren son mas seguras, hay mas personas, menos indigentes y nos miramos, como si ya me tenia pendiente, pero habían otras miradas, otras almas sanas,seguras, sin miedos. Aquel día me di cuenta que por fin me dibujaba porque todos me miraban, al igual que yo miraba a otros que el dibujaba en anos anteriores; pero calculo mal, me quede en la 145 y no en la 191 como el ya sabia. Se me paro en frente, habían pasado varias noches y parece que me estaba esperando, cuando tiltie la cabeza estaba ahí, un poco mas demacrado de las madrugadas, de tanto arrastrar ojos perdidos y sonrisas lánguidas de éctasis, de abrazos con pronósticos nublados y besos que acaban. El gabán ya no era tan impecable pero su lápiz si, te dibujaba tal y como eras por dentro, con todo y las cicatrices del corazón, tome un billete y se lo puse en el bolsillo del gabán, se mojo los labios para disimular el hambre, en paz por que habría cumplido conmigo. En algunas casas he visto sus dibujos, y puedo ver como se sentía cuando los dibujo, que buscaba y hasta que hora era. Yo seguía en el tren con mis zapatos rotos y jeans destejidos. El ya no me buscaba, habríamos cerrado el capitulo de nuestra novela, pero el destino insistía en rosarnos las miradas, pero el ya no me volvería a pintar, ya conoció mis hazanas, mis tristezas, mis frustraciones y ademas aquellas noche me faltaba un pedazo del corazón, se me habría perdido en la cuneta de la 145, donde ya jamas me desmontara, era la estación mas sucia de la ciudad, la mas fea y húmeda y ahí se volvió a danar el tren. Tratando de entender lo que dicen los altavoces sin importarme a que hora arrancamos de nuevo, en la esquina de la puerta que conecta a la otra puerta, que da a otras puertas, con su paso desolado y la mirada triste, el pintor del tren me dibujo otra vez.
A la Peregrin,
A la Peregrin,
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